Esta preparación combina tres plantas tradicionalmente asociadas al bienestar cardiovascular y circulatorio. El hibisco aporta un sabor ácido y refrescante, la rosa mosqueta un perfil afrutado y el espino blanco es una planta clásica de la herbolaria europea relacionada con el sistema cardiovascular.
1 cucharada de cálices secos de hibisco
1 cucharadita de flores y hojas secas de espino blanco
1 cucharada de rosa mosqueta seca
300 ml de agua
1 cucharadita de miel, opcional
1. Coloca el agua en una olla y llévala a hervor.
2. Retira del fuego.
3. Añade el hibisco, el espino blanco y la rosa mosqueta.
4. Tapa y deja reposar durante 8–10 minutos.
5. Cuela la preparación.
6. Añade miel si deseas suavizar su acidez.
Puede tomarse una taza ocasionalmente, caliente o fría.
Nota: Si una persona utiliza medicamentos cardiovasculares, este no sería un brebaje para incorporar de forma habitual sin revisar primero posibles interacciones.
El hibisco cuenta con evidencia clínica moderada de que puede producir pequeñas reducciones de la presión arterial en algunas personas.El espino blanco ha sido estudiado por sus posibles efectos cardiovasculares, aunque la evidencia depende mucho del extracto, la dosis y la condición estudiada; una preparación casera no equivale a los extractos estandarizados empleados en ensayos.La rosa mosqueta aporta distintos compuestos antioxidantes, pero la evidencia específica sobre beneficios cardiovasculares de esta combinación completa es limitada.
Puede disminuir la presión arterial, por lo que debe utilizarse con especial prudencia junto con medicamentos antihipertensivos.
El espino blanco puede interactuar con determinados medicamentos para el corazón, por lo que las personas en tratamiento cardiovascular deberían consultar antes de consumirlo regularmente.